
En la zona comercial de Caseros vive el Pollo, un amigazo de la vida. Aquel mediodía nos juntamos a almorzar como tantas veces y, luego de la visita, emprendí el regreso a casa; en la calle siguiente al mercado turco esperé el 123. A los 10 minutos asomó el bólido azul por la esquina.
Generalmente los colectiveros no son de escuchar música, sino de escuchar la radio, tal vez esperando las últimas novedades deportivas. Sin embargo, apenas subí escuche una de mis canciones favoritas, "Breaking Away" de Sumo. Instantáneamente empecé a tararearla. El chofer, de unos 45 años, lentes Ray Ban, asintió con la cabeza. Saqué mi boleto y me senté en la mitad del bondi.
Este viaje, por lo general, dura quince minutos. Pensaba, mientras terminaba el tema, que seguramente el chofer había visto a Sumo en vivo, de ello no había dudas. Seguro vivía por el oeste, Palomar, donde termina el recorrido del 123. O tal vez Hurlingham, donde el grupo se había gestado y ofrecido sus primeros shows allá en los 80´.
“Debede” fue el tema que siguió, pensé que seguramente sería “Corpiños en la madrugada”, primer disco de la banda del Pelado. El colectivo iba semi vacío, pero pude percibir a otro muchacho siguiendo el tema con movimientos de cabeza.
Mientras cruzábamos la barrera del Urquiza y el sol pegaba en la ventanilla, empezó a sonar “La gota en el ojo”, ese que comienza con una intro tan particular, grandiosa. El chofer iba contento, manejando tranquilo y relajado, algo no muy común ya que siempre están molestos por el trabajo sacrificado de lidiar con el tránsito, que por supuesto infunde malestar.
Hipnotizado por la batería de Superman Troglio, imaginé al colectivero en sus años mozos bailando el tema en algún recital, tal vez en Obras o en Halley. Decididamente era fan de Sumo: ese tema no pertenece al disco que creía que estaba escuchando, sino que probablemente se habría armado un compilado con sus temas favoritos. Afortunadamente compartíamos los gustos.
Me invadía la intriga de saber si había conocido a los Sumo personalmente y si tendría alguna anécdota para contar. Alguna ginebra compartida con Luca, alguna charla con Pettinato. Luego sonaron “Divididos por la felicidad” y “Los viejos vinagres”.
Pasando la parada de Nazca, me acerqué para despedirme, ya que bajaba en la próxima. "Muy buena música, la verdad que el viaje fue un placer", le dije. "Gracias", respondió sonriente. "¿Hace mucho que escucha Sumo?". "No, pibe. Es la primera vez que los escucho, mi hijo me prestó el disco porque me cansé de escuchar tangos. La verdad que me gusta mucho".
Sonreí, me despedí y bajé. Apenas llegué a casa puse “After Chabon”.