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jueves, 8 de enero de 2009

Desde el pogo


El otro día me fui a ver a una banda under. Es tan pero tan under que no la va a ver ni la vieja del cantante. Una banda que no suele tocar en ningún lugar convencional: se presenta en terrazas de casa prestadas, en sótanos de abuelos de viaje, en estaciones de trenes abandonadas, en depósitos de autos chocados, etc, etc, etc.


Era la mejor banda que había visto en mucho tiempo: una mezcla de The Clash y Mano Negra con The Cure. Imagínense unos punkrockres tocando rock y dub, todos pintarrajeados y con unas letras tristísimas. ¡Muy bueno!


No me pregunten el nombre. No la conocen. Por los lugares que toca, no sale ni en el Sí ni el No. Tampoco los pasan en la radio. Seguro que nunca la sintieron nombrar. Pero realmente deberían, es tan buena que uno no puede creer que sean de acá.


Por fin habían arreglado con uno de los pocos lugares donde se puede seguir tocando rock en Buenos Aires. Pero por desgracia de ellos, mía y de los 47 presentes más, cayeron los sabuesos de inspecciones y viendo que el lugar no estaba en las condiciones necesarias, lo clausuraron. La salida de emergencia tenía 19 centímetros menos que lo reglamentario, no había luces suficientes, la ventilación no era la adecuada, etc, etc, etc. Por nuestra seguridad, cerraron el lugar. Muchas gracias por preocuparse por nosotros.


La banda, viendo el mal augurio de empezar a recorrer el Circuito Rock-ero, volvió a las sombras que nunca debió abandonar. Devolvieron la plata de las entradas, cargaron sus equipos en una camioneta y se fueron, dejándome con unas ganas terribles de volver a verlos volar en escena.

Porque no se los dije: su show es tan bueno que por momentos parece que están flotando sobre el escenario.


Me contaron días más tarde que esa misma noche tocaron en un baldío desocupado, que sólo había unas diez personas como público y que fue el mejor show de la historia de la banda. Que fue tan intenso que cuando terminaron de tocar, empezó una lluvia con granizo y todo. No me pregunten el nombre. No la conocen. Y por como están las cosas en el rock, creo que nunca la conocerán.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Desde el Pogo

Cuántas veces leímos el famoso “Todos los derechos reservados”. Y cuántas veces nos preguntamos que querían decir eso. ¿Qué no tengo derecho a prestar un disco? ¿Qué no tengo derecho a bajarlo a mi reproductor de MP3? ¿Qué no tengo derecho a copiarle ese disco a un amigo en cassette? ¿No puedo grabar la intro para el contestador de mi celular? Exactamente. Eso y muchas cosas más están reservadas para el dueño de la grabación (que no necesariamente es el artista). Bienvenidos al mundo del Copyright.


Cada vez estamos más acostumbrado a bajarnos música desde Internet. Pero eso, por si no lo saben, es ilegal. Está mal. Es un delito y por eso somos criminales. Dicen que es lo mismo que robarse un disco de Musimundo. Alguna vez pensaste robarte un disco de Musimundo (yo sí, “Dopádromo”, aprovechando que la alarma estaba rota y no dejaba de sonar), entonces por qué robarse un disco por Internet.


Primero que todo, no es lo mismo robarse un disco de cualquier disquería que bajárselo del ciberespacio, ya que si uno se roba el disco (por ejemplo, el de Babasónicos que hurté), estoy logrando que haya un disco menos en el local, o sea un disco menos que alguien puede tener. Pero bajándomelo no estoy sacándole a nadie la oportunidad de tener un disco. Es más, estoy permitiendo que alguien más se lo puede bajar al ampliar la cantidad de usuarios que lo tienen disponible. Aún así, sigue siendo un delito, ya que no tenemos el derecho de bajárnoslo. Esos derechos lo tienen las compañías discográficas, que tienen el copyright y que invierten millones y millones en nuevos artistas, como por ejemplo... Airbag (bajarse un disco de estos muchachos debería ser delito, no me cabe la menor duda).


Pero bajarse discos que no están editados en Argentina (y que nunca se van a editar), discos fuera de catálogos, viejos, o millones y millones de canciones que son creadas por ignotos artistas en el mundo, no sólo no debería ser delito, sino que debería ser algo que todos los que quieran oír música deberían poder hacer. Pregúntenles a los músicos qué es lo que quieren. Que los escuchen. Eso es lo que quieren. Vender discos es hoy una forma de que los conozcan, pero no es la única. Hay varios músicos que igualmente se quejan de que “se han reducido su nivel de ventas con esto de la Internet” (guau, aunque no lo crean hay músicos que además de solfeo parecen haber estudiado Marketing). Pero ellos crecieron con Star Trek. No con Matrix.


Me acabo de bajar un tema de los Beastie Boys (“Now Get Busy”) totalmente legal y sin que ninguna compañía, ente regulador de derechos, sindicato argentino de ladrones, ni nada de eso, me pueda decir ni mu. Tengo derecho a copiarlo, a difundirlo públicamente sin fines de lucro, a re mezclarlo y a dárselo a un amigo para que haga lo mismo. Y todo porque ahora el famoso © (Copyright) cambió a CC (Creative Common). Si querés saber más sobre las licencias Creative Common chequea http://www.creativecommons.cl/cc/tipos.html
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Desde hace un par de años, estas licencias también están disponibles en Argentina. Ah, y si querés bajarte el tema anda a http://www.wired.com/wired/archive/12.11/sample.html.

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