viernes, 16 de diciembre de 2011
viernes, 30 de julio de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
¿Un nuevo finale?
Autor: Augusto Do Santos
miércoles, 14 de julio de 2010
¿Te quieres casar conmigo, Cindy?
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 9 de julio de 2010
El inflador: La de Mora
Autor: Augusto Do Santos
lunes, 5 de julio de 2010
Guitarra que une
Autor: Augusto Do Santos
miércoles, 14 de abril de 2010
Otro recital que no fue
Autor: Augusto Do Santos
jueves, 8 de abril de 2010
Bono, el empresario
Autor: Augusto Do Santos
martes, 23 de marzo de 2010
Señores de las cinco décadas
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 19 de marzo de 2010
La calle de los héroes
Autor: Augusto Do Santos
miércoles, 17 de marzo de 2010
Lucas Martí por las calles de Liniers
Hacia fines de 2009, Lucas Martí publicó su quinto disco, "Segundo y último acto de noción". En el mismo, cerrando la obra, se encontró un cover del clásico de Hermética "En las calles de Liniers".
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 5 de febrero de 2010
"Él abusó de esos chicos, no hay dudas"
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 29 de enero de 2010
Un stone enojado y uno contento
Autor: Augusto Do Santos
sábado, 23 de enero de 2010
La lista de temas
Autor: Augusto Do Santos
jueves, 21 de enero de 2010
La advertencia de Copi

Autor: Augusto Do Santos
martes, 19 de enero de 2010
Las partes del cuerpo y la música
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 15 de enero de 2010
León, la composición y Tavo
Además, con Tomás Sussmann también hablamos del cover que la banda hizo para el homenaje a León Gieco, de su labor como compositor en la banda y del nuevo invitado permanente del grupo, Tavo Kupinski.
¿Cómo fue haber hecho el cover de “La colina de la vida”, que se incluyó en el tributo a León Gieco?
León eligió el tema para nosotros y Sebastían y Germán se juntaron para cambiar la introducción, que en la original estaba con esas flautas traversas. Hicieron la que quedó y después nos juntamos para hacer lo que faltaba. Salió bastante natural. Quedó bastante pelotero porque somos nosotros, no sentía que era un tema de León Gieco, sino que era algo nuestro. Si vas a hacer un cover y queda igual que la original, no tiene ningún sentido. León nos dijo que le encantó la versión y que así tendría que haber sido la que hizo él (risas).
Y respecto a esta manera de laburar en grupo, ¿cómo es tu rol como compositor en la banda? ¿Escribiste alguna letra o sólo te encargás de lo musical?
Con Germán escribí algunas letras, sí. La de “Capitán América”, por ejemplo. O “Será”, también junto a Gabriela (Martínez, la bajista). “El chupetón”, “No me acompañes”, “Basta”… los roles en la composición van variando, no hay nada fijo. Laburamos mucho grupalmente, trabajamos sobre alguna idea que traiga alguien. Es muy raro que uno caiga con un tema ya armado y que dirija cómo tiene que ser. De ser así, sería muy monótono. Hay bandas que más que bandas, parecen solistas, porque siempre compone uno, arma todo uno y al final, suena todo igual. Acá cada uno aporta lo suyo y musicalmente, cada tema se enriquece con los distintos aportes. A pesar de ser un grupo, cada uno tiene autonomía musical. Hay temas en que participó hasta gente de afuera de la banda.
Hablando de eso, últimamente se lo pudo ver a Tavo Kupinski en sus recitales, casi como un invitado permanente.
Lo llamamos para que tocara un par de temas en los shows, especialmente ese que grabó Fernando Ruiz Díaz en el disco (“Si quisiste ver”). También hay canciones en que Germán se quería soltar más a la hora de cantar y no depender tanto de la guitarra. Para eso está. Toca muy bien, es una gran persona, nos cagamos de risa. Y me complemento perfecto en el escenario con él.
martes, 29 de diciembre de 2009
Fragmento del prólogo a la cuarta edición de "El señor de los venenos"

Las reflexiones más asombrosas, las frases más poderosas que iluminan las conversaciones como los rayos en un bosque, los encuentros más densos y las frases poéticas que no son interceptadas por las cadenas asociativas nacen del entramado vital de las charlas de todos los hombres del planeta en cada momento. Digo: es diez mil veces más interesante hablar que pensar, cantar que escribir.
No puedo demostrarlo técnicamente, pero apuesto que ninguno de mis compañeros de infancia obtuvo en el colegio un aprendizaje y un conocimiento como el que conseguí robando de aquí y de allá. Enviar al niño al colegio no tiene que ver con el aprendizaje de conocimientos. Al adentrarse en esa nefasta institución que es la educativa el niño se siente progresivamente dominado por el “a-maestra-miento” institucional, esa castración aberrante de las travesuras, ese inculcamiento criminal de la disciplina. Conocer la extensión del Río Diarrea es una excusa para, a través de las distancias, alejarte del mundo. Casi todo el resto es historia de militares, esos maricones disfrazados cuyas marchas me recuerdan siempre la música de un cortejo fúnebre cósmico. Cualquier disciplina, cualquier acatamiento incluso del orden familiar significa un deterioro grave en la vitalidad. La función de la escuela es asesinar la niñez.
¿Por qué diablos no fui al colegio?
Con el transcurso del tiempo he dado distintas respuestas: la ideología anarquista de mis padres, ciertos conflictos en el interior de mi familia. En realidad, recuerdo el primer y único día en que mi madre o mi tía me prepararon para ir al colegio. Tendría cinco años. Cuando me pusieron el delantal y cosieron a mano sobre él, con letras azules, la palabra “Enriquito”, comprendí que algo muy grave iba a sucederme.
Cuando salí a la calle y me subieron sorpresivamente a una micro escolar entré en pánico. Por primera vez en mi vida, mi calle, mi casa, se alejaban de mí y los veía perderse por el vidrio trasero del micro. Nunca había salido de mi calle, nunca había salido siquiera sin acompañantes familiares o amigos ¿Cómo podía ser que me entregasen a unos desconocidos? El nene que estaba sentado junto a mí tenía una expresión ausente y aterrada y un vómito de arroz con leche se desplazaba por su pecho. La mayoría lloraba desconsoladamente o, los más bravos, permanecían en silencio, mientras una mujer alta y perversa recorría el pasillo con una mirada que pretendía ser amable y cariñosa pero cuyo revoque se caía a pedazos si uno la miraba a los ojos: estaba más muerta que mi abuelo.
Autor: Augusto Do Santos
viernes, 11 de diciembre de 2009
"Quizás seamos un país Fórmula Uno"
Autor: Augusto Do Santos
lunes, 7 de diciembre de 2009
La música que escucha Rafael
Autor: Augusto Do Santos














