Con Beto charlábamos de rock, mientras tomábamos cerveza sentados sobre el cordón de una vereda de San Telmo, en verano, en ese tiempo en el que no trabajábamos y lo único que nos dolía era el verano, el viaje hasta ese punto de encuentro, la transpiración vejatoria. Ahí, a metros de esa misma esquina en la que Chayanne grabó el video de una canción, frente a un boliche de tango; ahí también se filmaron publicidades y, en una ocasión, comimos parte del abundante almuerzo que había para actores, extras y demás. Lo mangueamos y nos salió bien. Algo nos salió bien, a fin de cuentas.
La cuestión es que él me contó más de una vez algo que le pasaba y que yo no comprendía; pensaba que no estaba bien, pero por supuesto no se lo decía, porque lo respetaba y no quería herirlo. Él lloraba en los recitales. Se emocionaba tanto con esa canción, en ese momento de la noche, en ese momento de su vida, que aunque hiciera fuerza no podía sino llorar. Con Los Redondos era fija el llanto, me contaba; cuando sonaba "Un ángel para tu soledad", ah..., lo mataba y lloraba, lloraba. Nunca lo entendí; no era para tanto, me decía entonces. Pero había que verlo contarlo, con esa manera tan tierna y apasionada suya.
Fue un sábado, precisamente el 29 de noviembre de 2008, muchos años después de aquellos momentos en San Telmo. Ese día, en Colegiales, tocó El Vuelto. Anteriormente, siempre que lo vi al Bocha luego de lo que pasó con Las Pelotas lo encontré mal, flaco de más, con la mirada y los pensamientos perdidos. Y yo quería verlo bien, como de costumbre cuando lo íbamos a ver en los recitales. Y ese día, esa noche, en Colegiales, cuando apareció sobre el escenario y se puso a cantar y bailar "Hola, ¿qué tal?" y después se dejó poseer y nos poseyó por "Muchos mitos" y luego descontroló y descontrolamos en "Escaleras"... en ese momento de la noche, en ese momento de mi vida, aunque hice fuerza no pude evitar llorar, por la emoción y la alegría de ver bien, contento a ese loco al que quise como si fuese un amigo.
Fue un sábado, precisamente el 29 de noviembre de 2008, muchos años después de aquellos momentos en San Telmo, que entendí a Beto.
