miércoles, 31 de diciembre de 2008

Más duro que la heroína


Están quienes en el verano corren a buscar el bronceador y la malla, y estamos los que preferimos acercarnos a la librería más cercana buscando algún libro para leer. Somos los que usamos la temporada estival para agarrar todos los libros que no pudimos leer durante el año, que quedaron tapados debajo de los apuntes interminables de la facultad.


Una reciente edición, que data del 2008, me hizo encontrar con “Heavier than heaven”, la biografía de Kurt Cobain escrita por Charles R. Cross. Sin ser un fan acérrimo de la banda, me atrajo la historia de líder de Nirvana por lo que todos ya conocemos: su figura en el mundo de la música, sus dotes de compositor, sus adicciones y un largo etcétera. Pero el punto más llamativo de su vida, el que más nos intriga, es su suicidio: ese eterno interrogante que nos hace preguntarnos qué cosas pueden llevar a una persona a suicidarse es lo que nos atrae. Sin embargo, nunca se llega a resolver del todo el acertijo.


El libro se lee como una ficción, atrapa como cuando nos cuentan el mejor de los cuentos. Porque la biografía no aburre con puros datos cronológicos (aunque sí los hay), sino que el autor nos cuenta la vida de Cobain como si éste fuera un personaje. De hecho, su genialidad y su, por momentos, trágica vida, acercan al libro al género.


No es casualidad que por estas características la obra haya recibido duras críticas alegando que Charles Cross aceptó información de segundo mano, e incluso tildándolo como “la versión de Courtney de los hechos”.


Las más de 400 entrevistas son uno de los platos fuertes. Los testimonios de familiares, novias, amigos, y miembros de Nirvana enriquecen cada pasaje del libro.


Los primeros capítulos, en los que se describen su infancia, son realmente interesantes ya que revelan detalles poco conocidos. Además, se pueden ver algunas fotos familiares del pequeño Kurt. De la visita a la Argentina hay solamente una mención en la que se tilda al show de Buenos Aires como desparejo y olvidable.


La grabación de los discos, las giras, sus romances anteriores a Courtney Love, su épica performance en la grabación del unplugged para Mtv (para muchos el mejor unplugged de la historia), sus adicciones, y su previo intento de suicidio en Roma son algunos de los condimentos de la biografía.


Para los rockófilos y no tanto, para los fanáticos de Nirvana y no tanto: un buen plato para estas vacaciones.

martes, 30 de diciembre de 2008

El arte del buen comer


Las fiestas. Queridas, odiadas, temidas, esperadas, olvidadas. Giran en torno a ella infinidad de sentimientos. A ellas, también, les adjudicamos responsabilidades casi monstruosas. La de “juntar a la familia” es una de las más importantes y casi diría que la más discutida. Pero no es la única.


“Comí como una cerdo” o “engordé 5 kilos en 2 días”, es otra. Y claro, ¿¡cómo no!?: pavos, lechones, matambres, papas, mayonesas, arrollados, helados, panes dulces, turrones. Me llené de solo escribirlo.


En las fiestas abundan (bueno, abundaban) los platos repletos y pesados. Cada integrante de la familia quiere destacarse con su receta favorita y no teme en realizar cantidades desbordantes para que nadie se quede sin probar su “especialidad” y ser el comentario del día siguiente: “¿Viste qué bien le sale el Vithel Tone a la tía Lita?, lástima que nunca me cuenta qué le pone”. “¡Ay, Dios mío! Que la abuela Puli deje de traer esa ensalada de lechuga, pasas de uva, huevos, nueces, durazno, zanahoria, repollo y miel que no la come nadie”.


Por estas razones y las que seguramente hay en cada familia, formando una nueva mitología griega, hoy te presentamos una receta que no puede fallar; fácil, riquísima y fresca, con la que te podrás lucir y ser la envidia de todas las tías del barrio.


Hoy: Huevos Rellenos (¡Atenti! que van sin atún)

Nivel de dificultad: simplísima, pero hay que ponerle amor.

Porciones: 1 huevo por persona.


Ingredientes:

Huevos frescos

Papa (1 mediana cada ½ docena de huevos)

Mayonesa: 2 ó 3 cucharadas soperas

Mostaza: 1 cucharada sopera

Aceite (girasol o mezcla): 1 cucharada sopera

Sal: a gusto

Pimienta: a gusto


Extras:

Ají verde/colorado

Perejil Fresco

Lechuga


Procedimiento:

Hervir los huevos frescos (los colocás en agua fría, llevás al fuego, y una vez que rompe el hervor, contás 10 minutos). Se puede incorporar unas gotas de vinagre al agua para que no se rompan durante la cocción.

Enjuagarlos con agua fría y pelarlos enseguida. Dejarlos enfriar.

Hervir también la papa pelada en cubitos como para puré, salando el agua.

Cuando los huevos están fríos, cortarlos en mitades longitudinalmente (con la hoja del cuchillo mojada es más fácil).

Sacar las yemas. Ponerlas en un recipiente junto con la papa. Salar las yemas (las papas ya están saladas). Pimentar a gusto. Incorporar la cucharada de aceite y hacer con todo esto un puré bien pisado.

Agregar la mayonesa y la mostaza y mezclar hasta que el puré quede bien cremoso y homogéneo (¡ojo! que no quede chirlo, eh).

Rellenar las claras con esta preparación, poner sobre un colchón de juliana (tiritas finitas) de lechuga y colocar encima de cada huevo relleno una tirita de ají verde y/o colorado y/o una hojita de perejil para decorar.


Para preparar la receta, qué mejor que hacerlo con un clásico de fondo: "Yesterday", de The Beatles. En este caso, interpretada por Paul McCartney, autor de la canción, quien en un primer momento la bautizó como "Scrambled eggs". O, como diríamos acá, "huevos revueltos".



Feliz año para todos.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Nuestro camino


El lunes 3 de noviembre, finalmente, lanzamos el nuevo formato de El Acople. En esa ocasión, publicamos una editorial escrita por el creador de la revista, Sergio Trullenque, que de esto de poner sentimientos de un equipo de trabajo en palabras entiende. Que se lea, si no, esta otra editorial suya, que introdujo la salida del segundo número de la revista El Acople, allá por 2004:


Ser independiente tiene muchas ventajas respecto a los sistemas ya preestablecidos y una enorme responsabilidad frente a la gente que espera mucho de vos.

La independencia en nuestro caso puede servir para romper estructuras como salir mensualmente o escribir sobre lo que queramos y como queramos. Ustedes evaluarán si nuestro estilo les gusta o no.

El hecho de no respetar una puntualidad en la salida de cada edición no implica que el contenido sea pobre o que el material pueda tener altibajos (...)

Muchos entenderán esto porque saben lo que significa el sacrificio de trabajar para tener satisfacción. Muchos valorarán aún más nuestro trabajo por la garra que le ponemos. Muchos van a acercarse para no dejarnos caer. Y muchos van a hacer lo imposible para sabotear este trabajo y dejar el rock en manos de algún monopolio.

El Acople no vino a exprimir al rock, sino a sumar y divulgar desde lo que no tiene prensa hasta lo más conocido, con nuestra particular visión de las cosas.

El rock es adolescencia eterna y rebeldía. No sabemos de empresas, aprendemos a diario sin romper los códigos. Es el camino más largo y más duro, y a la vez es el más noble, puro y hasta el más inocente, pero es nuestro camino. Acá estamos otra vez, metidos en el barro. Como nos gusta.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El violinista


Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando la mamá logró arrancarlo del lugar, el nene continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos ni reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

La actuación de Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post, como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.

La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿nos detenemos a apreciarla? ¿reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia podría ser la siguiente: si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?


La otra que se me ocurre es que deberíamos escuchar más a los niños.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

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Gracias, Noel (?). Felices Fiestas para vos y tu hermano (?).

martes, 23 de diciembre de 2008

Revancha


Hace casi un año salió "Luca, la película". Esperaba por ese momento desde que la revista La Mano puso a Prodan en su tapa de agosto del 2006, anticipándose a la película -y no como dicen los de Rolling Stone, que apenas si la anticiparon un mes antes- presentando el trailer. Ese minuto y pico me dejó caliente, debo confesar. Las fotos inéditas que presentaba el ejemplar, también, claro. Luca de niño, Luca con un corte de pelo parecido al mío y una cámara de fotos colgándole, Luca con anteojos, armónica y guitarra. Un buen puñado de polaroids para aumentar la colección.

Sin embargo, saber que se estrenaría en el Roxy me daba mala espina. Me imaginaba un auditorio lleno de gente gritando como si fuera un recital. Y era una biopic de la máxima estrella del rock nacional, que está muerto. Eso merece respeto, silencio absoluto, ni siquiera un aplauso al final. Sólo quería escuchar lágrimas rodando por la piel de las mejillas. Las sucesivas funciones eran en el mismo plan: en lugares para muchísima gente. No me interesaba ver como algunos creían revalidar su pasaporte del palo yendo a ese evento.

Ella coincidía conmigo, los dos nos negamos a eso y convenimos esperar la aparición del dvd. Quizás la veríamos juntos, es posible. Aunque yo, realmente, siempre tuve la idea de verla solo. Y eso hice la mañana del sábado, después de un primer intento el viernes por la noche. La rutina de la semana no permitió que pasara de la pantalla de título. Los acordes de la versión
solista de "Regtest" fueron una bellísima canción de cuna.

No me voy a hacer el
yo-me-sabía-todo, ni siquiera conocí a este tipo. Sabía de la existencia de las cartas-casette, pero nunca había escuchado más que pedacitos perdidos por ahí, sin hilar. Rodrigo Espina y sus compañeros supieron qué hacer con eso. El guión es impecable, pero de eso me di cuenta recién al final de la película. Pensaba: "Qué desparejo, son todos datos pegoteados nomás". No fue hasta que sonaron los acordes de "White trash" que me cayó la ficha: Luca es un rompecabezas gigante y complejo; nunca nadie podrá completarlo, pero todo aquello nuevo que aparezca, sirve para entenderlo cada vez un poquito más. La película es una pieza bastante importante y toca no sólo en las fibras sensibles de quién la vea, sino también en la de los protagonistas. Por ejemplo, es emocionante ver a ese amigo de Luca -que en algún lugar del cerebro me surgió si realmente fue amigo de Luca, vaya a saber uno por qué el motivo de la desconfianza- oyendo la cinta que en la que el incipiente cantante le pide a sus allegados noticias sobre este muchacho, quién se encontraba perdido en la heroína. En los extras que vienen con el dvd, aparece una escena en la que Stephanie Nuttal se quiebra al leer la carta que Andrea Prodan le escribió para informarle de la muerte de su hermano. Y lloré, sí, en esa misma escena, cuando Alejandro Sokol cuenta que fue lo que hizo al enterarse, por radio, del deceso de su amigo. Él también lloraba.

Como siempre ocurre en estas ocasiones, voy corriendo a buscar mis discos, libros, revistas, recortes, fotos y todas aquellas micropiezas. Le doy lugar a esto nuevo que incorporo, a los temas previamente inéditos, a las anécdotas, a los distintos tonos de voz de
Luca. Me quedo con una frase del realizador, que al referirse a los extras que quedaron afuera de la edición original y ahora están en el dvd, dice que esta aparición hace justicia con la película, que es una gran revancha. Lo es para mí también. Pude verla, solo, en silencio. Como yo quería.

lunes, 22 de diciembre de 2008

El arte del buen comer

Después de pasar un fin de semana muy gourmet con amigos, advertí que algo tan cotidiano como cocinar, se puede convertir en todo un gran ritual, tan sólo con el agregado de algunos ingredientes en su justa medida.


Para más de uno, cocinar remite a palabras como rutina, tedio o incompetencia, pero quizás ignoran que con 2 o 3 elementos extras, se puede tornar una actividad placentera, divertida, relajante y hasta terapéutica.


Solos o acompañados, hay 2 cosas que no pueden faltar para hacer de la cocina un lugar acogedor y atractivo para la elaboración de un platillo bien apetecible:

- Música

- Una receta fácil y comprobadamente rica (sobre todo cuando la cocina no es lo tuyo)


Por eso, hoy convertimos este espacio en un servicio para la comunidad. La idea es bien simple: una receta muy sencilla y sabrosa, y una buena canción para acompañarla.


Hoy: Helado de Banana

Nivel de dificultad: más fácil que llamar al delivery

Para ¼ de helado, aproximadamente:


Ingredientes:

Bananas medianas 4 o 5 unidades

Azúcar 2 cucharadas soperas

Extras:

Dulce de leche

Chocolate


Procedimiento:

Pelar y cortar las bananas en trozos no muy pequeños. (5 cm. de largo). Colocarlas en un plato o tupper, separaditas y llevar al freezer (o congelador) hasta que estén duras como piedras (de 3 a 4 horas).


Pasado ese tiempo, retirarlas del frío y ponerlas derechito en una procesadora o licuadora apta para picar hielo (Si no tenés, es una buena excusa para ir a tocarle el timbre a tu vecinita/o de enfrente).


Agregar el azúcar, que puede ser reemplazado por miel o edulcorante.


Procesar hasta que se forme una crema; lleva unos minutos durante los cuales creerás que no se te va a hacer nunca, pero... ¡paciencia!


¡Y listo! Helado de banana casero y súper rico. Si tenés ganas, le podés agregar dulce de leche, trocitos de chocolate o lo que tengas en la alacena. Recordá que no tiene conservantes, por lo que podés tenerlos guardado alrededor de 4 o 5 días.


Para acompañar
: "Banana Pancakes”, de Jack Johnson.
¡Qué lo disfruten!



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