miércoles, 4 de febrero de 2009

El mató a un periodista especializado


“El Día de los Muertos” y las tres razones por las cuales El mató a un policía motorizado pueden venir detrás de mí.


Hace poco más de un mes vio la luz “El día de los Muertos”, EP de siete temas de El mató a un policía motorizado, la nueva sensación de nuestro rock para gran parte de la prensa vernácula. Este cerraría una aparente trilogía iniciada por "Navidad de reserva" y continuada por "Un millón de euros", ambos volúmenes editados en formato extended play, también.


Decenas de colegas lo han ubicado al tope de las preferencias en los habituales balances de fin de año, cuando quizás no merezca ese lugar, aunque, claro, son opiniones. Razones no faltan para justificar esto. He aquí tres de ellas.


Uno: El background monocorde de guitarras que se extiende a lo largo de los siete tracks, es un viejo recurso harto utilizado por los muchachos platenses. Los antecedentes inmediatos también cuentan con ese matiz. Y aunque el sabor desértico de esas violas le encaje como anillo al dedo al concepto de este día de los muertos (el Apocalipsis ahora, en un par de años nada más), es una película ya vista, una remake de sí mismos.


Dos: Aunque sea parte de un estilo -y esta vez suenan algo más clean- el ruido manchado es insoportable, aleja al oyente. Hay que tener grandes canciones para poder lograr un quiebre si todo está basado en un sonido intencionalmente pobre. Y en “El día de los Muertos”, más allá de que existan grandes punteos de guitarra (por ejemplo, durante algunos pasajes del espacial "Noche de los Muertos", extendido inicio de este trabajo) y la voz de Santiago Motorizado sea cada vez más personal, no hay ninguna: ni amigos piedras, ni noches buenas, ni un millón de euros. No hay nada porque todo acaba de explotar, parece.


Tres: Respecto a las fórmulas ya utilizadas, la temática del fin del mundo tuvo distintas visiones en el campo de la música: desde Intoxicados a Molotov, pasando por The Cure, R.E.M. y muchos otros más. Claro que cada cual tiene sus formas. Las de El mató son a través del ruido blanco ya mencionado, en conjunto a sus letras breves que en ocasiones tienen precisión de eslogan y a veces son algo más crípticas. Sin dudas se destacan a la hora de escribir, pero quizás sea exagerado calificarlas como "himnos".


Sí, esta es la música que tranquilamente puede anticipar el armagedón, pero antes que eso logrará desengañar a quienes se habían rendido a este canto de sirena en low-fi. Y ojalá no se estanque esta banda, que tiene pasta para sobrevivir al desastre.


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