martes, 5 de mayo de 2009

"Estoy tan acostumbrado a discutir en consejo con mis compañeros..."

En noviembre de 1838, Juan Bautista Alberdi (foto) se exilió en Montevideo, luego de negarse a prestar juramento al régimen de Juan Manuel de Rosas. Allí, tres años después, escribió la obra de teatro "El gigante amapolas y sus formidables enemigos, o sea fastos dramáticos de una guerra memorable".

En este texto, Alberdi se burló a través de una farsa tanto de federales como de unitarios, sin mencionarlos con nombre y apellido porque, según él, no correspondía hacerlo no estando en el país; por esta y otras cuestiones, el profesor Horacio Ruiz se refirió a Alberdi como "un gran hombre".

En un momento de la obra, previo a la guerra, el ejército unitario, compuesto por las tropas de Capitán Mosquito, Teniente Guitarra y Mayor Mentirola, pierde dos de las fuerzas porque no se pusieron de acuerdo en quién dirigiría las acciones de ataque; entonces, Mayor Mentirola insiste con la ofensiva por su cuenta pero no se acostumbra a decidir solo...

Tropa: Sí, sí, que se forme un consejo.

Mentirola: ¡Que se forme!... ¿Pero con qué oficiales y jefes le formaremos?... ¡Aquí no hay más jefe ni oficial que yo...! ¡A no ser que yo solo me declare en consejo!

Tropa: ¡Y por qué no! Forme Vuestra Excelencia un consejo de Vuestra Excelencia mismo y decida a mayoría de votos.

Mentirola: No habrá otro remedio. Pues señor (con tono solemne) está formado el consejo y puede empezar la discusión. (Queda pensativo, y después de un rato, dice:) Pero estoy tan acostumbrado a discutir en consejo con mis compañeros Mosquito y Guitarra, que yo por mí solo no puedo discurrir nada... No se me ocurre una sola idea y no sé qué consejo darme a mí mismo... Pero se me viene al pensamiento un medio de salir del aprieto... Voy a figurarme que están aquí mis compañeros Guitarra y Mosquito. Que el uno está parado ahí, el otro allá y yo aquí. Voy a representar a cada uno de ellos en el consejo: a hablar por cada uno de ellos como si estuviesen presentes; y así podremos tener opiniones diferentes y luminosas, porque seremos tres vocales en vez de uno. Principiaré a hablar por mí, "Señores: soy de opinión que debemos retroceder precipitadamente por la razón de que el enemigo no hace nada y nos espera inmóvil: razón clara y palpable por sí misma, que no necesita dilucidarse, porque, señores, la cosa es bien terminante: ¿qué quiere decir esta inmovilidad del enemigo? Quiere decir que está fuerte como un diablo y que nosotros estamos perdidos. ¡Y yo pregunto ahora si el que está perdido tiene otra cosa que hacer, que tomar las de Villa Diego, antes que lo amarren y lo cuelguen! Tal es mi opinión, señores del Consejo. Puede, ahora, emitir la suya el teniente Guitarra, que sigue a mi derecha." Paso a hablar por el teniente Guitarra. (Toma su lugar y habla así:) "Señores: ilustrando este punto, de una importancia decisiva para la vida de la patria, diré que cuando el señor General en Jefe, dice que debemos retroceder precipitadamente, es porque el señor General debe haber pensado bien lo que dice -cada uno sabe bien dónde le aprieta el zapato-; el maestro sabe lo que hace, y donde hable el sabio, calle el borrico y en resumidas cuentas, cada uno es dueño de hacer de su capa un sayo. Al General se le ha dado el ejército y es suyo: dejemos que haga lo que quiera: dejémonos de discusiones anárquicas y hagamos lo que él manda; ésta es la opinión del ejército, y a fe que es la opinión acertada: porque, al fin, el general es general y no es el tambor el que ha de responder de la suerte del ejército. Tal es mi parecer. Puede ahora dar el suyo el capitán Mosquito, que sigue a mi derecha." (Hablemos ahora por el capitán Mosquito.) (Toma el lugar y el tono de éste.) "Señores: no callaré mi opinión en una cuestión en que se trata de la vida del país. Creo que las opiniones de los que me han precedido en la palabra, son mortales a la causa de la libertad: yo creo, pues, que lejos de retroceder con celeridad, debemos atropellar como el relámpago, por la sencilla razón de que el enemigo nos espera sin acción ni movimiento, en lo cual se descubre su debilidad. (Ahora en su nombre y por sí, desde su lugar.) Señor capitán Mosquito, ¿quiere usted que le diga la razón por qué usted se produce así? ¿Lo sabe usted? Usted habla así porque nos ha visto opinar de un modo diferente al teniente Guitarra y a mí, y usted no nos quiere ni a uno ni a otro. Por lo demás, usted es un miedoso como uno de tantos, y la vez pasada fue el primero a mandarse mudar, dejando colgados a sus compañeros de armas. (Por Mosquito.) Se equivoca usted. (Por él.) No me equivoco yo. Es usted quien se engaña en creer que nos hemos de hacer matar, como locos, por salvar a gentes que sabe Dios si lo sabrían agradecer. (Por Mosquito.) Ese es un terror estúpido. (Por él.) Estúpido es el muy canalla de Mosquito. (Por Mosquito.) Canalla es el muy cobarde de Mentirola. (Por él.) ¡Vaya usted a un cuerno! (Por Mosquito.) ¡Vaya usted a dos! (Por él, alzando el tono.) ¡Vaya usted a tres! (Por Mosquito.) ¡Vaya usted a cuatro! (Por él.) ¡Vaya usted a cien! (Mudando de tono.) Y, sobre todo, ¿a qué cansarme en dar gritos? La votación está ganada, somos dos contra uno, y debemos votar a la opinión que aconseja la retirada. ¿No es así, teniente Guitarra? (Por éste.) Sí señor. Pues señores: está concluido el consejo. (A los soldados.) Camaradas: el consejo ha pronunciado su fallo: él es respetable y sabio, y soy de opinión que le sigamos sin examen, y con la prontitud que demanda el caso. Su opinión es que debemos retirarnos. Así pues: ¡Al hombro, armas, contramarcha a la derecha, paso redoblado, marchen!

1 comentarios:

Anónimo 5 de mayo de 2009, 11:43  

WTF!? le agarro un ataque de Pigna?

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