miércoles, 15 de julio de 2009

La fuga

Cuando entré al aula la clase ya había comenzado. Sonaba fuerte un tema de Sabina, y su lírica se mostraba en una pantalla gigante con fondo azul. Era “Y sin embargo”, para los más curiosos.


El profesor despliega entonces su arte: la palabra. De pelo largo y blanco, delicadas manos que mueve casi milimetradamente, nos pregunta: “¿Alguna vez gustaron de la novia de un amigo? ¿Y ella de ustedes?”. Me río, por dentro y por fuera.


El Chévere cubano escribió a la perfección lo difícil de esa situación, esa pelea entre lo que deberíamos hacer y la pasión incontrolable. “La novia de un amigo” es el nombre del tema, más gráfico imposible. “Y qué dilema, ¿no?”, vuelve a comentar.


“Simón Díaz lo resolvió a la perfección, no se preocupen”, continuó. Entonces, misma metodología. El aula mayor de la Facultad de Psicología estalla por los parlantes y la pantalla azul ilumina toda la manzana. Suena “Mercedes”, donde este tal Díaz regala la fórmula para solucionar el conflicto moral que nos persigue todos los días, el que no cuestiona, el que nos quiere hacer elegir, entre el deber y el querer. “Hay que escindirse, dividirse, y que una parte haga lo que debe, y la otra lo que quiere”. Pero ellos y nosotros no éramos los únicos a los que alguna vez nos gustó el amigo de un novio, por ejemplo.


Eric Clapton tiene un tema que se llama “Layla”, seguramente lo habrán escuchado por Aspen algún domingo a la tarde. La leyenda cuenta que se la escribió a una mina de la que se enamoró perdidamente. Pero no era una mina cualquiera, no. Era la novia de su mejor amigo. Pero no era un amigo cualquiera, era George Harrison.


Claro, quizás se te cruza por la cabeza pensar que, bueno, no es para tanto espamento, hay cosas peores en la vida. Y la peor también le pasó a Clapton. Estaba en Roma, y su hijo se encontraba al cuidado de una mujer. Era un piso alto y la ventana que daba al balcón estaba abierta. Todos cuando somos chicos queremos alcanzar las nubes. Él también quiso. Las drogas, el alcohol, la depresión. Pocas cosas tan complicadas como un duelo. Pero así es que esta noche, vuelve a encenderse la pantalla y la traducción de la letra del hermoso y desgarrador tema que también suena: “Tears in Heaven”.


Y así sigue su maravillosa clase. No tiembla cuando nos hace escuchar un tema de la película “El Jorobado de Notre Dame”, ni el que hizo Celine Dion para la mega producción “Titanic”, que, como nunca imaginaste, te tiene al borde de la lágrima. No está hablando de Hollywood. Está hablando de que te arranquen lo que más querés.


El último tema que se toca en el programa de esta materia es fuerte. Interesante. Conmovedor. Irritante. ¿Qué es un padre? ¿Qué es una madre? En tiempos de apropiación de niños, de tecnologías reproductivas, los derechos humanos, la identidad. “Ahora escucharíamos ‘Los Dinosaurios’, de Charly y ‘Desapariciones’, de Rubén Blades. Pero solamente las vamos a nombrar, porque son muy tristes”. Entonces, el pelilargo recuerda cuando se llevaron a su amigo de toda la vida, mientras estaba en el bar de la esquina de Psico. Tenía 21 años. Se emociona, lo puedo ver, aunque unas 10 o 15 filas de sillas nos separen.


Y cuando pensaba que tenía la lágrima controlada, que el enorme nudo que se me había armado en el pecho estaba bien oculto, este gran profesor habla de hoy. Ni de ayer, ni de mañana. De este mismísimo hoy. Hoy, que están cerrando todas las escuelas. Hoy, que suspenden las clases en la facultad, los locales son interceptados y los recitales castigados. Hoy, que por todos los medios se animan descaradamente a decirte que: “No hay que saludar con besos ni dar la mano”. ¿No hay que saludar con besos? ¿No hay que dar la mano? Pocas cosas son más hermosas que besar y ser besado, y pocas cosas reconfortan tanto el alma como darle a un amigo una mano.


“¿Qué hacer con el cuerpo cuando un agente extraño amenaza con minarnos?”, nos pregunta.


No escapar. No fugar. No negar.


Todavía faltaba una canción más. “De alguien que jugó con su cuerpo hasta la misma muerte”, fueron casi las últimas palabras de la clase. “A todo volumen, por favor”. Lo pude anticipar. Lo sentí. Estaba hablando de la reina.


Too much love will kill you”. La lágrima recorre el pómulo, luego la mejilla y arrastra con ella los últimos restos de delineador.


El día que menos lo esperás, podés entender, aunque más no sea por una hora y media, qué es lo que estás haciendo ahí. O acá. Y así, con esa mezcla rara de angustia y cañita voladora, te subís al colectivo y le prestás tu mano a la señora de piel rugosa para sortear los embates de sus débiles piernas; y te encontrás con un amigo que no ves hace mucho y le besás la mejilla con tesón. Porque al final, llegás a casa, y lo único que queda sos vos. Pero por suerte, el consuelo es poderte abrazar.

4 comentarios:

sorata 15 de julio de 2009, 10:51  

Buenísimo Renata.

alita 15 de julio de 2009, 16:24  

me hiciste llorar toni!

porlosporos 16 de julio de 2009, 0:24  

muy hermoso rena!
oh si que nos nos coma la cabeza la paranoia y menos de los medios, hay que apagar, apagar la tele, la radio y VIVIR!
hoy reivindico a ray bradbury, a aldous huxley y a george orwell. GRANDES MAESTROS! si alguno no leyó farenheit 451, un mundo feliz o 1984 respectivamente, no deberian perderselos.
hoy es hoy.
abrazos!

Sorata 16 de julio de 2009, 12:00  

mmmm yo leí "nada", "Rebelión en la granja" y "Crónicas marcianas", respectivamente... NO SIRVE?

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